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jueves, 20 de septiembre de 2018

De una precoz nocion sexual (y de poder)



De una precoz noción sexual
( y de poder)

El pibe tiene unos ocho años. Viaja con papá y mamá en el colectivo a visitar a su abuela. Con papi y mami, con la familia y, hasta ese día reina la inocencia (o por lo menos es lo que el  adulto-pibe recuerda).
A la altura del hospital de Granadero Baigorria, (que hasta hace unos años se llamaba Policlínico Eva Perón, y Granadero Baigorria se llamaba Paganini), hay un retén militar que hace detener el transporte público y bajar a sus pasajeros.
Al lado del pibe, en esa hilera de manos contra la carrocería para ser requisados, una chica de unos veinte años, morocha, linda, el chico la mira pensando “ cuando sea grande quiero tener una novia como ella”.
El nene nunca ha presenciado más que un “piquito”, muy fugaz por cierto, y muy a las perdidas entre sus papis. Para el pibe todo el platónico… aun. Sigue mirando (ya con tinte de enamoramiento) a la mujer de al lado, lleva un pantalón negro como su pelo y un gamulán con esos broches de madera que tanto se usan.
Mientras avanza su arrobamiento con la morocha va avanzando la requisa de los soldados. A él lo revisan y a veces no, por la edad debe ser. El soldado (no recordará con los años si llevaba tiras. Aunque pueda ser que si, cabo o cabo primero tal vez), lleva colgado del hombro un F.A.L (fusil automático liviano). Años más tarde el pibe ya hecho hombre llegará a pensar que bien podrían haberle agregado “operativo” u “operacional”… “opcional…, no, opcional seguro que no, al nombre del fusil. F.A.L.O.
Al llegar a la morena, a la futura “novia ideal” del chico, el soldado le dice que se desabroche el gamulán (para comprobar que no lleve armas, piensa el nene). Las manos contra el costado del bondi, las piernas abiertas, y la camisa blanca que apenas puede ocultar lo que la naturaleza le ha dado a la morocha de sus sueños, dos pechos hermosos, que el milico palpa concienzudamente no vaya a ser que lleve una bomba o algo así escondida no?). Le palpa las tetas, las tantea, las acaricia, dejando bien en claro quien es el dueño del cuerpo de la piba en ese momento, el que lleva el F.A.L.O colgando.
El pibe siente un temblor por todo el cuerpo. La cosa dura tan solo unos segundos pero, para el chico es una eternidad, ve todo de cerca y recibe varias lecciones en un tiempo muy breve.
Nadie abre la boca, todos saben lo que está pasando, pero nadie dice nada, el miedo se palpa en el aire como le palpan las tetas a la morocha, como le palpan las tetas  a su “novia”.
Es la primera vez que el nene ve de cerca un acto de carácter sexual, es la primera vez que siente impotencia en su vida, empieza a darse cuenta ese día que, el dueño del F.A.L.O manda. Que el que posee las armas tiene el poder. Que la cosa no pasa por la edad o el género (aunque los incluya), que la tocada de tetas es para todos los que están parados con las manos contra el colectivo, esa palpada de armas y de tetas, les deja en claro a todos que el que manda es el dueño del fusil, del FALO, en síntesis, el dueño del Poder…, el pibe tiene un curso acelerado de sexo, de poder, y de impotencia en pocos segundos.
Todos arriba de nuevo ya, todos callados, el silencio sigue por un rato, igual que el viaje a la casa de la abu, con papá y mamá. Ese chico ya no es el mismo, va haciendo fuerza para no llorar… El padre con la mano en su hombro le da unas palmaditas en silencio como diciendo “ya va a pasar”

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Adrianita

Adrianita

Adrianita tiene unos diez años, es pobre, (aunque todavía no lo tenga muy claro), va a una escuela pública y tiene una mente y una inteligencia que la hace sobresalir del resto de sus compañeros. A la seño Norma no se le escapa ese detalle, es cada vez más conciente del potencial enorme que tiene Adrianita, por eso quiere hablar con sus padres para conseguirles una posible beca escolar que les mejore la situación.
La seño Norma no la tiene fácil, el padre de Adrianita es un comunista veterano que descree de las instituciones burguesas y, para él, la escuela es una de ellas. Así que habla que te habla con Adrianita la seño Norma, intenta convencer al padre de hacerle una visita a su casa para charlar sobre el tema.
Adrianita admira profundamente a la señorita Norma, pero no por ser la maestra, no por su inteligencia sino por otras cosas. Adrianita adora el porte de la señorita Norma frente a la clase. La ve llegar al aula con esos tacos finísimos, portando esas hermosas carteras y algo dentro de Adrianita se incendia. Se ve ella misma así de grande, llevando esos tacos, esas carteras, bien maquillada, igual que la señorita Norma.
Llega el día que, tanto habla que te habla, Adrianita convence a su padre de que la señorita Norma venga a la casa para mantener una charla con él sobre el futuro escolar de Adrianita, una posible beca y cosas por el estilo.
El día llega, Adrianita se la ha pasado limpiando, barriendo y barriendo más y más el piso de cemento de la casa hasta casi sacarle lustre (a falta de mosaicos), ha dejado la casa impecable, al igual que la ropa de su papá. Lo mismo con su pollerita y su treintiúnica camisita blanca, refregada, blanqueada), enjabonada en la pileta con pan blanco y vuelta a blanquear al sol…, y vuelta a lavar.
El corazón de Adrianita palpita incontenible en su pecho esperando a la señorita Norma, convenciendo por última vez al padre de que todo es para bien, haciéndole recomendaciones, hablándole maravillas de la señorita Norma mientras el papá la mira en silencio, risueño y cariñoso.
La ansiedad lleva a Adrianita a esperar a la señorita Norma afuera, en la puerta del frente, nerviosa, aguarda la llegada de su ídola de la infancia, hasta que, la ve doblar la esquina y venir hacia su casa, la silueta de la señorita Norma recortada con el sol mañanero a sus espaldas. La señorita Norma es el SOL para Adrianita.
Pero al acercarse más, algo da un vuelco en el más profundo interior de la nena. Piensa que debe haber un error, la seño Norma viene sin tacos, sin esos hermosos tacos que suele llevar tan bien. Lleva puestas unas chatitas, alpargatas, zapatillas o algo así y, en vez de una de esas finísimas carteras que tanto le gustan ver a Adrianita, colgando de su hombro, la seño Norma trae un bolso común y corriente de los mandados.
Al acercarse más, la seño Norma saluda sonriente con su mano pero, lo que Adrianita ve es, que viene sin rastro de maquillaje.
Algo se quiebra en su interior, algo le oprime el pecho, algo estalla dentro y piensa, “se disfrazó de pobre”, la seño Norma ¡se disfrazó de pobre!
La reunión con el padre es cordial, rutinaria, llena de cumplidos, pero, Adrianita ha trocado su risa radiante de hace un rato en una mueca triste que simula una sonrisa…, se disfrazó de pobre, sigue repitiéndose para sus adentros.
Algo se ha roto para siempre dentro de Adrianita y, algo se le ha hecho profundamente real, la consciencia de su propia pobreza. La seño Norma ha caído a sus ojos y, sin proponérselo, ha arrastrado consigo a Adrianita en esa caída, Adrianita, que nunca volverá a ver el mundo de la misma manera
Mientras sigue retumbando en sus entrañas: se disfrazó de pobre, ¿Por qué hizo eso?, ¿ por qué la seño se disfrazó de pobre? A Adrianita algo le oprime el corazón…, y seguirá haciéndolo durante muchos años.








lunes, 2 de octubre de 2017

Estoicismo



-¿Necesitás algo más?
-No… ta bien
-bueno
Ella se va y enjuaga el frasco y purga la manguerita en la pileta. A lo lejos se escuchan las campanadas del llamado a misa.
Él la mira desde la cama mientras ella se pone el saquito de lana y agarra la cartera. Se acuerda cuando la vio por primera vez, lo linda que era. Tiene la sensación de que eso pasó ayer, de que no hubieran pasado tantos años. Ella estaba vieja….y el también. El más que ella, más flaco y más enfermo. A lo mejor me lo merezco pensó, y sintió que en esa mujer ya casi nada quedaba de la otra, la que había conocido hace tantos siglos.
-me voy a misa
-bueno, chau
La ve irse y sabe que es la última vez…
Hace un par de años que ella va a misa, antes, en muchos años de casados él nunca la dejó ir. Tal vez, estuvo pupilo en un colegio de curas y, un día, salvó el culo (literalmente) escapándose por una ventana.
Odiaba a los curas
Pero ahora la enfermedad lo había ablandado, hasta a veces, cuando ella se iba le pedía que rezara por él.
Hacía un par de años que habían vendido y se habían hecho una casita en el fondo del terreno de la hija…  para estar más cerca
-Te dije que te pongas a hacer la tarea, si te agarra la noche sin la tarea hecha te cago a palos
-bueno che, ya voy ¡(¿por qué tiene que gritar así?, parece una loca)
La madre sigue lavándolos platos y el saca el cuaderno
-ma, ¿Qué quiere decir estoico?
-busque en el diccionario… (¿Por qué los padres a veces tratan a los hijos de usted? Es como que quisieran poner una barrera, ¿por eso los grandes hablarán así?)
Él se levanta de la cama y va al patio. Empieza a buscar unos tirantes y el martillo… clavos. Se acuerda de las casas que ha hecho en su vida. Hubo tiempos buenos de laburo. Una vez con la plata que cobró se dedicó a estar un año entero sin trabajar. Muchas veces le pagaban un viernes y se iba al boliche, chupaba mucho, volvía mamau hasta la manija. A veces,  cuando volvía le pegaba…a ella, claro.
Enfermedad puta pensó. Hacía unos años había empezado ahogándose con la comida, después de un tiempo ya no podía comer. Ahora ya no le pasaba ni la saliva. Lo alimentaban por un tubito.
Pero nunca renegó, ni una palabra, nadie recordaba que se hubiera quejado. Hasta a veces le hacía un asado a la familia de la hija, sabiendo que era para otros, que él hacía ya tanto que no podía. Pero al verlos a ellos comer, parecía que era él el que lo hacía, tragaba con ellos.
Poder tragar. Que deseo chiquito y a la vez tan grande
Poder vivir… tan imposible
-dale ma, ¿qué es estoico?
-dejáme de romper las bolas, ya te dije que mires el diccionario, ¿para qué te lo compramos?
Otra vez los gritos, ¿para qué te compran las cosas? ¿Para echártelas en cara? Ni debe saber, eso es lo que pasa, no sabe qué quiere decir y por eso grita.
El tirante estaba bien afirmado, conocía el oficio. De chico había empezado a trabajar, cuando murió el viejo y se hizo cargo de la madre y siete hermanos más chicos que él.
Ató el lazo a la madera y, por las dudas, lo aseguró con un par de clavos. Hasta para morirse hay que laburar (pensó). Mientras trae la mesita recuerda los aplausos. Aunque no pasó de tercer grado en la escuela, por esas cosas de la vida, se le había dado por la lectura y, después, por recitar. Pasó por algunos escenarios de algunos clubes y bodegones. En un tiempo lo conocían como “el Gaucho pobre”. Pobre fue siempre, pero gaucho…más  islero que gaucho, cuando iba con la canoa a pescar, hacía años de eso.
Ya con todo listo se calzó la gorra, inseparable, como la bicicleta. Que ya no usaba.
En la radio suena un tango de Darienzo, el que más le gusta
-che, ¿y tu viejo?
(Nunca nadie lo vio quejarse)
-no sé, recién lo llamé por la ventana y no me contestó
(El médico dijo que murió en el acto)
-papi, ¿Qué quiere decir estoico?
(Que se desnucó dicen)
-¿querés que vaya a ver?
(Capaz que Dios también andaba en la iglesia)
-no, dejá, debe estar durmiendo…
(Un albañil no debería morir mientras se da misa)
-¿estoico?... no se hijo, buscá en el diccionario…







domingo, 30 de marzo de 2014

el clan de la cucaracha 1

Llueve. Despacio. Tranquilo, pero constante. En la pieza casi derruida, en esa habitación pequeña, escueta. Que hace las veces de eslabón perdido entre una tapera y una casita. Pero es un techo, es algo, y el algo para quien no tiene nada es mucho. Aunque ese mucho para algunos no sea nada. Y la nada, el tener nada, es lo único asegurado que tiene un pobre al llegar al mundo.
Y pensar que dicen que los pibes vienen con el pan bajo el brazo. Este lo único que trajo fue el despido del viejo. Y la pérdida de la casa.
Y hasta parece una maldición mire. Y llora, llora, y el llanto es acompañado por el goteo, en distintos tonos y notas. Unas gotas caen en un balde grande, otras en un fuentòn, otras en una pava, cacerola, palangana, tacho, y algunas en el piso directamente
El suelo mojado. Si hasta da la impresión que lloviera mas adentro que afuera. Y el pibe llora. Y de fondo la lluvia sobre las chapas. La madre le canta para que se duerma y parece que todo fuera una canción de burla para el padre. Que hace tiempo no consigue trabajo. Por haber organizado algún que otro paro. El “ex” delegado de fabrica esta ahí, boca arriba en la cama. Los brazos detrás de la nuca, en medio de esa sinfonía de canto de madre, de lluvia y de llanto.

El tipo mira fijo el techo de chapas y piensa: dios, debe ser patrón.   

sábado, 15 de marzo de 2014

Moiridencias que descoinciden


Moiridencias descoincidentes  ..El hambre va en carro y el rico come desde el carro en un mac dólar,le dice carro a un bmw nuevo para disimular y llamarlo igual que al carro del ciruja y cirujano al cartonero y dice coche al vehiculo del niño. La leche en polvo trata de paliar los resultados de una leche y un polvo tirados a destiempo. el hambre y el hombre van de la mano …. Moiridencias que descoinciden …la honestidad no va con el trabajo , ni el trabajo con la dignidad y la pobreza va con cada vez mas gente, como una puta barata y sin dientes… y la muerte va con cada vez mas pibes a cocochito de una bala de veintidós, o sofocandose en una bolsa de pegamento .no es casualidad que entre hambre y hombre varíe solo una letra, y entre pibe y ladrón solo la intencionalidad del dueño del carro, del mac dólar y del noticiero. A los pibes incapacitados por dios se les dice discapacitados o con capacidades diferentes, para no discriminar, pero a los que incapacita el sistema se les dice negros de mierda, choritos, y será aplaudido cada nuevo apodo que los desvalorice y discrimine. Y, la mayor descoincidencia es el termino mortandad infantil, la muerte no fue hecha para los niños…… pero la impudicia del sistema llama desde hace siglos infante, a la primera línea de los condenados a muerte en la guerra.